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21 may. 2014

¿El cambio climático arruinará las viñas de nuestro país? (Por Miguel Torres)

¿El cambio climático arruinará las viñas de nuestro país?


Creemos que el mapa de denominaciones de origen cambiará totalmente, no sólo en España sino en toda Europa.”



El cambio climático es, sin lugar a dudas, la mayor amenaza para la industria del vino en general, y para la viticultura en particular.

La vitis vinífera es una planta extremadamente sensible a los cambios de temperatura. El aumento de un grado del que hemos sido testigos en El Penedès en los últimos 40 años ha provocado que la vendimia sea ahora, aproximadamente y según los años, diez días antes que hace dos décadas. Por eso, tenemos que adaptarnos; estamos cambiando la manera de cultivar nuestros viñedos con el fin de retrasar la maduración de la uva, con lo que podremos soportar otro grado de aumento de la temperatura. Pero lo peor está aún por llegar: si la temperatura sube 4-5 grados hasta 2100 tal como vaticinan los expertos, las consecuencias serán desastrosas para la viticultura tal como la entendemos hoy.

No auguramos un futuro fácil. Y no estamos siendo pesimistas sino realistas. No dejaremos de hacer vinos pero está claro que serán muy diferentes. De hecho, creemos que el mapa de denominaciones de origen cambiará totalmente, no sólo en España sino en toda Europa.



Será necesario adaptar la viticultura a las nuevas circunstancias climáticas, desplazando los viñedos, si fuera posible, más hacia el norte y buscando altitud y temperaturas más frías, también si fuera posible. Es lo que hemos estado haciendo en Cataluña en los últimos 20 años. Hemos estado adquiriendo tierras en el Prepirineo a altitudes de hasta 1.200 m donde hoy todavía no es posible el cultivo de la vid pero puede que un el futuro sea una gran oportunidad para determinadas uvas. 

También podríamos plantearnos sustituir algunas variedades por otras. En algunas zonas podríamos introducir monastrell en vez de tempranillo, y tempranillo en vez de pinot noir, e incluso plantar variedades antiguas recuperadas. En los experimentos que hemos estado haciendo durante las últimas tres décadas para recuperar vides catalanas de antes de la filoxera, hemos descubierto que algunas de ellas, además de tener un gran potencial enológico, pueden resistir mejor la sequía y las altas temperaturas.

Reducir la huella de carbono en un 30%

Desde 2007, hemos dedicado años y esfuerzos a buscar fórmulas para hacer frente al cambio climático y paliar sus efectos. Si bien el foco en lo ecológico siempre ha formado parte de nuestra filosofía – nuestro lema es “cuanto más cuidamos la tierra, mejor vino conseguimos” –, ver el documental de Al Gore “Una verdad incómoda” en 2007 me impactó de tal manera que decidimos invertir 10 millones de euros en el programa Torres & Earth y fijar el objetivo de reducir la huella de carbono por botella un 30% para el 2020 con acciones como el uso de energías renovables, la reutilización de restos de poda y forestales para alimentar nuestra caldera de biomasa, la reducción del peso de las botellas, la puesta en marcha de un tren eléctrico-solar para visitas de enoturismo, la utilización de vehículos híbridos o eléctricos, etc.  


Vemos, además, como el consumidor empieza a exigir que el vino esté elaborado de manera responsable, siguiendo criterios de sostenibilidad, no solo de calidad. Y aquí hablamos de viticultura sostenible, y no meramente orgánica o ecológica, ya que ésta última no significa automáticamente que ayude a mitigar los efectos del cambio climático. Una viticultura ecológica requiere un clima favorable porque, de lo contrario, se pueden llegar a hacer  demasiados tratamientos de cobre que contaminan la tierra. Tampoco contempla los límites máximos de emisiones de CO2; se puede tener una viña ecológica y contaminar mucho. Convendría pues que la viticultura orgánica tuviera en cuenta también el cambio climático; es importante no utilizar ni herbicidas ni pesticidas pero hay que ir más allá y controlar también otros factores contaminantes.

El futuro de nuestro sector pasa por desarrollar la actividad de forma responsable e inteligente y elaborar productos que respeten el medio ambiente y no hagan necesario un uso intensivo de tractores que contaminan el aire con CO2. Debemos ser capaces de reducir la huella de carbono de nuestras bodegas, teniendo en cuenta cada paso del proceso. ¿Por qué seguir usando postes metálicos en los viñedos orgánicos cuando se podrían substituir por madera? Cualquier trozo de madera que podamos conservar en nuestro planeta es una forma de almacenar carbono, al menos durante varias décadas. Con referencia a los mercados más distantes como Suecia o Canadán, por ejemplo, ¿Por qué no embotellamos el vino en destino? Esto reduciría de manera importante las emisiones de CO2.


La necesidad de las iniciativas conjuntas:

Todo suma, y las opciones son muchas y variadas, pero es necesario unir nuestras fuerzas e impulsar iniciativas conjuntas como Wineries for Climate Protection (WCP), por ejemplo. Es un proyecto más amplio y ambicioso que el de las regiones que son simplemente sostenibles, ya que contempla una reducción importante de la huella de carbono y un compromiso real de las bodegas adheridas: conseguir reducir en un 20% las emisiones de CO2 por botella para el año 2020.

Nació en España hace tres años con el propósito de incluir a todas las bodegas preocupadas por el cambio climático. El primer simposio se celebró en junio de 2011 en Barcelona, y contó con la presencia del Sr. Ricardo Lagos, enviado especial de las Naciones Unidas para el Cambio Climático. Desde entonces se ha trabajado para conseguir un protocolo que permita homologar las actuaciones de las empresas y realizar una adecuada auditoria en los tres ámbitos del proceso productivo: cultivo de la uva, elaboración del vino y distribución. Se espera que WCP esté operativo a finales de 2014.

Nos encontramos, sin lugar a dudas, en un momento crucial en el que está en juego el futuro de las próximas generaciones. Hay que tomar conciencia real de los efectos devastadores del cambio climático y actuar. Debemos cambiar nuestro estilo de vida como individuos, como sociedad y como sector. El modelo de nuestra economía de ganancia a cualquier coste y de manera inmediata debe dejar paso a una visión más universal y humanista del desarrollo, que exige contemplar muchas perspectivas del progreso, del bienestar, de la salud y del mundo que legaremos a nuestros hijos. Es evidente que los gases de efecto invernadero son los responsables del rápido aumento progresivo de los termómetros, iniciado con la llegada de la industrialización. Rápido y devastador, si tenemos en cuenta que el anterior gran aumento de temperaturas, que fue de 6 grados, ocurrió hace 55 millones de años y se produjo durante un periodo de 20.000 años.